

Mi formación en pintura tradicional me enseñó la disciplina del dibujo y la figura humana. Cada obra es un ejercicio de observación: cómo la luz incide en un objeto, cómo se mezcla el pigmento sobre el lino o el algodón de alta densidad para capturar esa verdad.
El diálogo constante con el cliente es clave. Desde la primera idea hasta el último barniz, tu historia guía mi pincel, asegurando que el resultado final sea un recuerdo habitable, una pieza que resuene contigo y tu espacio.


